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Saludos. Considero la investigación presenta una propuesta teórica innovadora al analizar la violencia estructural urbana desde una perspectiva decolonial y afrocentrada, alejándose de enfoques que reducen a las comunidades afrodescendientes a categorías de vulnerabilidad o exclusión. Mientras escuchaba su ponencia, pensaba: Si las dinámicas comunitarias inspiradas en el Ubuntu constituyen mecanismos de resistencia frente a la violencia estructural, ¿cómo podrían las políticas públicas incorporar estos saberes y formas organizativas sin desvirtuar su carácter comunitario ni reproducir nuevas formas de control institucional sobre los territorios afrodescendientes?
Estimada Lourdes, muchas gracias por plantear esta pregunta, ya que toca el núcleo de los riesgos de la institucionalización.
Para que las políticas públicas incorporen el Ubuntu sin desvirtuarlo ni ejercer un nuevo control institucional, es necesario aprender de las experiencias recientes en Ecuador, como la institucionalización del Buen Vivir. Cuando estos marcos filosóficos ancestrales son absorbidos por la estructura del Estado, corren el gran riesgo de sufrir una cooptación política, perdiendo su radicalidad originaria para terminar siendo instrumentalizados en favor de lógicas estatales, capitalistas o de modelos de desarrollo tradicionales. Para evitar reproducir nuevas formas de control, el Estado debe transitar de una “interculturalidad funcional”, que solo busca tolerar o incluir a los grupos excluidos dentro del modelo hegemónico existente sin alterar las asimetrías de poder, hacia una verdadera “interculturalidad crítica” .
En la práctica, esto demanda que la política pública opere bajo un profundo cambio o giro ontológico en las instituciones para evitar la cooptación. En lugar de imponer agendas o indicadores utilitaristas, los Estados deben ceder el control y promover el autogobierno, reconociendo la autoridad de toma de decisiones de las propias comunidades afrodescendientes en la gestión de sus territorios.
De esta manera, el rol de la política pública no es dictar cómo deben organizarse los barrios ni asimilar sus saberes, sino actuar como un facilitador que desmantela la violencia estructural. Esto permite garantizar que las comunidades mantengan intacta su capacidad de autopoiesis, es decir, su poder para regenerar su identidad, sus tradiciones y sus redes orgánicas de reciprocidad desde sus propios términos y sin domesticación externa
Lourdes, gracias por tu comentario y tu pregunta. Como ya respondí a otra pregunta en esta misma línea, creo que Ubuntu no debería incorporarse a las políticas públicas como una frase bonita o como un simple discurso multicultural.
Ya señalé que incorporar el Ubuntu en las políticas públicas implica que el Estado debe reconocer los saberes comunitarios, pero ahora agrego algo más: además de reconocerlos, es necesario que no los absorba ni los controle. Muchas veces las comunidades ya tienen formas propias de cuidado, organización, solidaridad y resolución de problemas. La política pública debería fortalecer esas capacidades, no reemplazarlas.
Por eso, incorporar Ubuntu implicaría diseñar políticas con participación real de las comunidades, con recursos concretos y con respeto a su autonomía. Si el Estado reconoce que esas comunidades también producen saberes, vínculos y formas de sostener la vida, entonces Ubuntu puede aportar a una política pública más humana, más situada y menos vertical.
Saludos estimados Dr. Julio y Dra. Gilda, quiero felicitarles por su significativa ponencia y su gran aporte a la sociedad.
Su trabajo ofrece una valiosa contribución al desplazar la mirada académica desde los déficits sociales de los territorios segregados hacia las capacidades ontológicas, culturales y comunitarias que emergen desde la propia afrodescendencia. Resulta especialmente interesante cómo el Ubuntu es presentado no como una categoría identitaria o folclórica, sino como una epistemología alternativa capaz de cuestionar las lógicas individualistas que sustentan gran parte del modelo urbano contemporáneo. En efecto, esta perspectiva invita a repensar la ciudad no solo como un espacio físico de desigualdad, sino como un escenario donde se disputan diferentes concepciones del ser, de la comunidad y de la ciudadanía.
Doctores, si el Ubuntu constituye una ontología relacional que desafía las bases individualistas de la modernidad occidental, ¿cómo podría incorporarse este marco filosófico en el diseño de políticas públicas sin que sea instrumentalizado por el Estado o reducido a un simple discurso multicultural desprovisto de su potencial transformador y emancipador?
Estimado Dr. Freire, muchas gracias por plantear esta excelente y necesaria pregunta.
Para incorporar genuinamente la filosofía Ubuntu es indispensable transitar de una “interculturalidad funcional”, que solo asimila o tolera la diversidad para mantener el orden establecido, hacia una “interculturalidad crítica” orientada a la transformación radical de las estructuras de poder y exclusión. Esto exige que el diseño de políticas públicas abandone la imposición de métricas de desarrollo exclusivamente utilitaristas o capitalistas y, en su lugar, reconozca y respalde las dinámicas orgánicas, solidarias y no-economicistas que ya operan vivamente en los territorios. En este sentido, el Estado no debe intentar domesticar ni apropiarse de la capacidad de autopoiesis de la comunidad para sus propios fines discursivos, lo cual le haría perder su radicalidad originaria, sino actuar como un facilitador material que desmantele la violencia estructural. Solo así se permitirá que estas ontologías relacionales puedan ejercer su poder emancipador y reconstructivo del lazo social desde su completa autonomía.
Stalyn, gracis por tu comentario y pregunta.
Respondiéndote, yo diría que Ubuntu no debería entrar en las políticas públicas como una palabra decorativa o solo para simular un discurso multicultural. Si Ubuntu significa “yo soy porque somos”, entonces tiene que cambiar la forma misma de pensar la política pública.
Eso implica que las comunidades no sean solo consultadas, sino que participen realmente en las decisiones; que sus saberes y formas de organización sean reconocidos; y que ese reconocimiento venga acompañado de derechos concretos, recursos y condiciones dignas de vida.
Si el Estado toma Ubuntu solo como discurso, lo vacía. Pero si permite que las comunidades tengan voz, poder y autonomía, entonces Ubuntu puede ser una herramienta transformadora para reconstruir el lazo social y fortalecer la vida comunitaria
Hola compañeros!
Gracias por su interesante investigación, que da valor a la cultura afro, su presencia en nuestra ciudad y los desafíos que enfrenta. En este sentido, les consulto cuál es el rol de las mujeres afro en estos procesos? quizás pensando en los liderazgos de algunas de las organizaciones, pues en mi trabajo de investigación he evidenciado la presencia y fortaleza de esos liderazgos en otros sectores de la ciudad.
Gracias!
María Fernanda
Estimada María Fernanda, muchas gracias por tu pregunta.
El rol de las mujeres afrodescendientes es absolutamente central y constituye la columna vertebral de la reconstrucción del lazo social y la “autopoiesis” comunitaria que hemos expuesto en la investigación. En estos sectores segregados, son principalmente las mujeres quienes enfrentan y resuelven desde los asuntos de supervivencia cotidiana y económica hasta la articulación política, operando bajo lógicas no-economicistas fundamentadas en la cooperación, la reciprocidad y la sororidad. En el contexto específico de la Isla Trinitaria y el barrio “Nigeria”, esta fortaleza organizativa se evidencia claramente en liderazgos como el de Sonia España y la Agrupación Afro Ecuatoriana Mujeres Progresistas. Estas mujeres no ejercen una resistencia pasiva, sino que construyen redes tangibles de sostenimiento vital. Por ejemplo, a través de iniciativas comunitarias y espacios como el centro “África Mía”, no solo promueven el emprendimiento y empoderamiento de mujeres que han sobrevivido a la violencia de género, sino que durante los meses más duros del confinamiento por la pandemia, organizaron ollas comunitarias para alimentar a cientos de personas del sector diariamente.
A nivel macro, este liderazgo barrial es el reflejo de un potente tejido asociativo que en el país cuenta con más de 160 organizaciones afrodescendientes. Redes históricas e instancias de articulación como la Coordinadora Nacional de Mujeres Negras (CONAMUNE) o el Movimiento de Mujeres Negras del Norte de Esmeraldas (MOMUNE), demuestran que las mujeres afro son las principales actoras sociales en la exigencia de derechos, la prevención de la violencia, la gobernanza territorial y la denuncia frontal del racismo. Desde nuestro análisis completo, el Ubuntu y la resistencia pacífica en las periferias tienen rostro de mujer; sin el liderazgo político, afectivo y organizativo de las mujeres afroecuatorianas, la resiliencia y la cohesión de estos territorios históricamente vulnerados sería imposible.
Compañera, gracias por la pregunta. Creo que el rol de las mujeres afro es fundamental. Muchas veces son ellas quienes sostienen la vida comunitaria, organizan, cuidan, convocan, gestionan y mantienen vivos los vínculos del barrio.
En Nigeria también aparece esa fuerza. No solo como liderazgo formal, sino como una forma cotidiana de resistencia y de reconstrucción del lazo social. Las mujeres afro han sido siempre imprescindibles para conservar la memoria, transmitir la cultura, defender derechos y empujar procesos comunitarios aun en contextos de exclusión y violencia.
También creo que es necesario cuestionar un poco ese lugar de liderazgo, porque muchas veces surge frente al abandono del Estado y termina cargando sobre ellas demasiadas responsabilidades.