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Saludos estimado Ruben. Considero que su ponencia resulta especialmente pertinente porque desplaza la discusión sobre la tecnología más allá de sus beneficios instrumentales para interrogar sus efectos en la subjetividad y en las prácticas cotidianas. La relación que establece entre nomofobia e infoxicación permite comprender que el problema no radica únicamente en el tiempo de uso de los dispositivos, sino en un ecosistema digital diseñado para captar permanentemente nuestra atención y normalizar la hiperconectividad. En este sentido, la propuesta de promover una alfabetización digital crítica y una “dieta digital” consciente constituye un aporte valioso, ya que invita a repensar nuestra responsabilidad individual y colectiva frente a tecnologías que, al mismo tiempo que amplían nuestras posibilidades de comunicación, también pueden comprometer nuestra autonomía, capacidad de concentración y bienestar emocional. Felicidades.
Muchas gracias, estimada Ana, considero importante dar el primer paso que es: reconocer la afectación en sí mismo, y luego empezar una dieta digital personal.
En simple y sencillo, pero poderoso en sus beneficios y transformación de la relación existencial actual del uso del celular.
Estimada Ana
Le agradezco sinceramente sus palabras y la agudeza de su lectura, me alegra constatar que compartimos la preocupación por el impacto del ecosistema digital en la subjetividad y la autonomía humana. El verdadero desafío actual no es solo el tiempo de pantalla, sino estructural: nos enfrentamos a una arquitectura diseñada para la distracción permanente, de ahí que la “dieta digital” y la alfabetización pueden ser opciones de bienestar individual para convertirse en imperativos de ecología mental y responsabilidad colectiva.
Gracias por sus reflexiones, validan y enriquecen el propósito de mi investigación, que busca justamente sembrar estas alertas indispensables en nuestra ciudadanía y familia, espero coincidamos en un nuevo espacio para profundizar en este diálogo, mi investigación doctoral está en proceso, acepto sugerencias.
Un cordial saludo,
Rubén Guzmán
Correo: rubenantonioguzman2011@gmail.com
Celular: 0989680617
Interesante y pertinente reflexión, Rubén. Tu tema me recuerda las ideas del teórico Marshall McLuhan, quien sostenía que la tecnología actúa como una extensión (tanto física como psicológica) del ser humano. En la actualidad, los teléfonos inteligentes se han integrado de tal manera en nuestra vida cotidiana que resulta difícil concebir su ausencia, incluso por períodos breves.
Esta realidad nos lleva a reconsiderar el impacto de las tecnologías en nuestras vidas, no solo en términos de sus beneficios, sino también en relación con los riesgos inherentes a su uso. Por ello, diversas organizaciones no gubernamentales han intensificado la presión sobre los Estados para que desarrollen e implementen políticas públicas orientadas a fomentar la alfabetización y la educación mediática. Pienso que esto no debería limitarse a enfoques transversales, sino a cambios estructurales en los currículos educativos. Esta necesidad, sin duda, es urgente. ¡Felicitaciones por el tema!
Estimada Doctora Estrella, gracias por su reconocimiento. Coincido con usted respecto a Marshall McLuhan; de hecho, él es parte de la base teórica que estoy utilizando en la investigación “madre” de la cual se desprende este artículo.
Me apasiona su postulado sobre cómo toda extensión del ser humano, especialmente las tecnológicas, tienen el efecto de amputar o modificar alguna otra función. Considero que fue un visionario de su tiempo y que, aunque lo planteó originalmente para los medios de comunicación, aplica perfectamente hoy en día para el teléfono celular y las nuevas tecnologías.
Estoy seguro de que aún no nos hemos dado cuenta por completo del riesgo real de las atrofias que ocasiona el uso del celular. Es un tema urgente que debemos abordar, contrarrestar y procurar normar, en beneficio del ser humano y, sobre todo, de los adolescentes.
saludos cordiales
Rubén Guzmán